Ayer, 23 de octubre, se cumplieron dos años del brutal asesinato de Claudia Carrizo, perpetrado por su ex pareja, Gustavo Adolfo Dómini. El pasado 23 de agosto, en un juicio con jurado popular en los Tribunales de Villa Dolores, el asesino fue sentenciado a 35 años de prisión (perpetua) por homicidio agravado por el vínculo y por violencia de género; no se incluyó la figura de femicidio porque el crimen sucedió previamente al establecimiento de la Ley.

Cabe destacar que la sentencia fue dictada por unanimidad. El Fiscal Castro realizó la lectura de los hechos de acuerdo a lo que declararon cada uno de los testigos desde el 13 de agosto, fecha en la que empezó el juicio, y construyó la secuencia desde el comienzo hasta el final del caso.
“Cuando el imputado declaró, no fue para nada creíble lo que decía porque no tenía ningún punto de donde agarrarse en cuanto a los testimonios que habíamos escuchado”, dijo Mari Luquez de la Mesa de Derechos Humanos de Traslasierra, organización que acompañó a la familia Carrizo durante el juicio.
Lo que se probó fue que Claudia había sufrido violencia de género de parte de su pareja, pasando de un hostigamiento de vigilarla y revisarle el celular, a golpearla y maltratarla. Finalmente, el 15 de Septiembre de 2016 la mujer realizó una denuncia por una terrible golpiza que recibió, y terminó la relación con Dómini.
Carrizo luego de la separación se instaló en el domicilio de sus padres, un campo en Las Tapias, que posee partes de prominente monte, y casas aisladas. Los testimonios dejaron en claro que el 23 de octubre de 2016 a la hora del mediodía, Dómini dejó su auto estacionado a dos kilómetros del campo de los Carrizo introduciéndose en el monte (aproximadamente su recorrido fue desde Piedra Pintada hasta la parte de atrás del campo mencionado), y esperó hasta que Claudia pasara por el callejón en su moto; la acechó, se abalanzó sobre la motocicleta y la apuñaló 29
veces.
La Policía encontró pistas tales como un calzado y rastros de sangre, que llegaban hasta un automóvil que había estado estacionado, y que los vecinos confirmaron quién lo había dejado allí, y a qué hora. En el rastrillaje que realizó después en el camino, la Gendarmería encontró el cuchillo.

La Mesa de Derechos Humanos (formada por distintos espacios políticos, agrupaciones sociales y gremios) acompañó a Marcela Carrizo, la hermana de Claudia, quien recibió contención en la agrupación Vivas Nos Queremos de Villa de Las Rosas y pidió respaldo en la Mesa de DD HH unos días antes de el juicio. “Lo que la Mesa resolvió fue acompañar todos los días con presencia, e invitar a la sociedad a que fuera a expresarse en contra de los femicidios (…) Cuando haya violencia, la Mesa de Derechos Humanos estará presente”, expresó Mari Luquez luego del juicio.